Sismos: cómo se generan y por qué Colombia convive con ese riesgo
Cuando trabajaba en diseño estructural bajo NSR-10, la primera pregunta que me hacía frente a cualquier proyecto no era “¿qué tan grande será la viga?”, sino “¿qué tan fuerte puede temblar aquí?”. Entender cómo se generan los sismos no es curiosidad geológica: es el punto de partida de cualquier decisión de ingeniería sísmica en un país como Colombia, atravesado por varias fronteras de placas tectónicas activas.
La tectónica de placas detrás de un sismo
La corteza terrestre no es una capa continua, sino un mosaico de placas rígidas que flotan sobre el manto superior y se mueven entre sí a pocos centímetros por año. La mayoría de los sismos ocurren en los bordes de esas placas, donde la energía de deformación acumulada durante décadas o siglos se libera de golpe cuando la fricción entre dos bloques de roca finalmente cede.
Colombia está en una posición tectónica particularmente compleja: converge la placa de Nazca (oceánica), la placa Caribe y la placa Suramericana (continental). La placa Nazca subduce por debajo de la Suramericana a lo largo de la costa Pacífica, generando sismos de subducción que pueden ser muy profundos y de gran magnitud. Pero además, dentro del territorio continental, existen sistemas de fallas corticales activas que generan sismos superficiales, muchas veces más destructivos localmente aunque de menor magnitud.
Uno de esos sistemas es el de Cauca-Romeral, que atraviesa buena parte del occidente colombiano y pasa relativamente cerca de Cali, donde he desarrollado la mayor parte de mi carrera. Esa cercanía no es un dato anecdótico: es exactamente el tipo de información que un ingeniero estructural necesita para entender por qué su municipio está clasificado en una zona de amenaza sísmica alta.
Magnitud, intensidad y por qué no son lo mismo
Es común confundir magnitud e intensidad, pero para el diseño estructural la diferencia es central.
- Magnitud: mide la energía liberada en el foco (hipocentro) del sismo. Es un solo número por evento (por ejemplo, en escala de momento sísmico Mw) y no cambia según dónde estés parado.
- Intensidad: mide el efecto percibido y el daño observado en un lugar específico, y sí varía según la distancia al epicentro, el tipo de suelo y las características de las edificaciones. Un sismo de magnitud moderada puede producir intensidades muy altas si el epicentro está cerca de la superficie y el suelo amplifica la señal (como ocurre en depósitos aluviales blandos).
Esta distinción es justamente la razón por la que el diseño sismorresistente no trabaja solo con “qué tan grande fue el sismo”, sino con espectros de diseño que capturan cómo responde el suelo local y la estructura ante esa energía.
Por qué esto importa para el diseño de edificaciones
La NSR-10 (Norma Sismo Resistente colombiana) traduce todo este conocimiento geológico en parámetros de diseño concretos: la aceleración pico efectiva (Aa), la aceleración pico efectiva para velocidad (Av) y el perfil de suelo determinan el espectro de diseño que un ingeniero estructural debe usar. Estos parámetros no son arbitrarios: son el resultado de décadas de estudios de amenaza sísmica que modelan la probabilidad de que ocurra determinado nivel de movimiento del suelo en cada zona del país.
En mi paso por proyectos como el diseño del amphiteatro “Teatrino” en concreto reforzado, ese vínculo entre geología regional y norma de diseño dejó de ser teoría para convertirse en una decisión de ingeniería real: la ubicación del proyecto dentro de una zona de amenaza sísmica alta obligaba a un sistema estructural con capacidad de disipación de energía específica, no una elección estética.
Si quieres profundizar en cómo la norma colombiana traduce esta amenaza en requisitos concretos de diseño, escribí en detalle sobre las novedades y revisión de la NSR-10. Y si el interés es más práctico —qué hacer en el momento mismo del sismo—, tengo una guía específica sobre cómo actuar en caso de sismo.
De la geología a los datos
Lo que empezó siendo para mí una pregunta puramente estructural terminó abriéndome la puerta al mundo de los datos: los modelos de amenaza sísmica moderna dependen de redes de sensores, catálogos históricos de eventos y modelos probabilísticos que procesan enormes volúmenes de información geoespacial. Esa misma lógica —convertir señales físicas dispersas en información accionable— es la que después encontré en mi trabajo con sistemas de gestión del riesgo y geointeligencia en el sector público. Entender cómo se genera un sismo no es solo geología: es el primer eslabón de una cadena que termina, si se hace bien, salvando vidas.