Cómo actuar en caso de sismo: antes, durante y después
He perdido la cuenta de cuántas veces he escuchado la misma pregunta después de un sismo, sea en una charla comunitaria o en una reunión institucional: “¿de verdad sirve meterse debajo de un escritorio?”. Trabajando como técnico asesor en infraestructura para la Secretaría para la Gestión del Riesgo de Emergencias y Desastres de Cali, entendí que la brecha entre lo que la gente cree que la protege y lo que estructuralmente la protege es real, y que cerrarla —con información clara, no con folletos genéricos— es tan importante como cualquier cálculo sismo resistente. Este no es un listado más de consejos reciclados: es, en la medida de lo posible, una explicación de por qué cada acción funciona.
Antes: preparación
La preparación empieza mucho antes de que tiemble, y la mayoría se reduce a reducir masa suelta cerca de donde la gente pasa tiempo real:
- Identifica los puntos estructuralmente más seguros de cada espacio que habitas: junto a columnas, bajo vigas robustas, lejos de fachadas de vidrio y de muebles altos sin anclar.
- Ancla estanterías, gabinetes y objetos pesados a la pared —la mayoría de lesiones en sismos moderados no vienen del colapso estructural, sino de objetos que caen.
- Ten claro el punto de encuentro familiar y un kit básico (agua, linterna, radio, copias de documentos) accesible sin depender de electricidad.
- Si vives en un edificio, pregunta si existe un estudio de vulnerabilidad sísmica o al menos si la edificación cumple con el NSR-10 vigente al momento de su construcción —una pregunta incómoda, pero la más relevante de todas.
Durante: qué hacer en el momento
Aquí es donde la física estructural realmente importa. La recomendación técnica internacional —agacharse, cubrirse y sujetarse (“duck, cover, and hold”)— no es una convención arbitraria: agacharse reduce tu perfil y el riesgo de perder el equilibrio con el movimiento del suelo; cubrirte bajo un mueble resistente te protege de escombros y objetos que caen, que son la causa más común de lesión; sujetarte evita que el mueble se desplace y te deje expuesto.
Lo que no se debe hacer, y que sigo viendo en la práctica, es correr hacia la salida durante el movimiento fuerte, sobre todo en edificios de varios pisos. Las escaleras son, estructuralmente, uno de los elementos más vulnerables ante desplazamientos diferenciales entre pisos, y correr por ellas durante el sismo multiplica el riesgo de caída frente al riesgo —mucho menor en una estructura bien diseñada bajo NSR-10— de colapso total del edificio. La norma exige que la estructura tenga capacidad de disipar energía sin colapsar ante el sismo de diseño; eso no significa que no haya daño, pero sí que el objetivo del reglamento es, literalmente, darte tiempo para no estar corriendo por una escalera cuando el movimiento sea más fuerte. Saber que existen sistemas de alerta temprana sísmica que pueden dar segundos de aviso antes de sentir el movimiento fuerte cambia también la lógica: esos segundos son para protegerte donde estás, no para salir corriendo.
Después: qué revisar antes de volver a entrar
Pasado el sismo, la tentación es volver de inmediato a la rutina. Antes de reingresar a una edificación, vale la pena mirar con criterio de ingeniero, no solo de sentido común:
- Grietas diagonales nuevas en muros de mampostería, especialmente en forma de “X”, que indican esfuerzo cortante concentrado.
- Columnas con recubrimiento de concreto desprendido o refuerzo visible —un indicio de que la columna trabajó cerca de su capacidad.
- Desplomes visibles: una edificación que ya no se ve “a plomo” puede tener daño en su sistema de resistencia sísmica aunque no haya colapsado.
- Olor a gas, cables eléctricos expuestos o agua corriendo sin control, que son riesgos secundarios tan reales como el daño estructural mismo.
Si hay cualquier duda razonable, la recomendación técnica y la institucional coinciden: no reingresar hasta que un profesional idóneo evalúe la estructura. Esa evaluación formal de daños, a escala de barrio o de ciudad, sigue una metodología estandarizada que vale la pena conocer aunque no seas ingeniero.
Cierre
Ningún protocolo reemplaza el criterio de un ingeniero evaluando condiciones reales sobre el terreno, pero sí reduce drásticamente la probabilidad de una decisión equivocada en los segundos que realmente cuentan. Esa combinación —protocolo claro más criterio técnico— es, a fin de cuentas, lo mismo que buscamos en cualquier sistema de gestión del riesgo bien diseñado.